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La descarga invisible que hizo imprimible el plástico cumple 75 años.

hace 16 horas
2 min de lectura



En 1951 nació el tratamiento corona. Setenta y cinco años después, sigue siendo imprescindible para imprimir muchos materiales plásticos.


El plástico tenía un problema: era fantástico para fabricar envases, pero muchas tintas no querían quedarse pegadas a él.


La causa está en la energía superficial.


Materiales como el polietileno o el polipropileno presentan de forma natural una energía superficial relativamente baja. Si la tinta no consigue mojar correctamente esa superficie, aparecen problemas de cobertura, retracción o adherencia.


En 1951, el ingeniero danés Verner Eisby desarrolló una solución basada en una descarga eléctrica de alta frecuencia.


Había nacido el tratamiento corona.


Ese mismo año fundó Vetaphone. En 2026, la tecnología cumple 75 años.


¿Qué hace realmente el corona?


El tratamiento corona no «quema» el plástico.

La descarga ioniza el aire situado entre el electrodo y el material y modifica químicamente una capa extremadamente fina de su superficie.

El resultado es un aumento de la energía superficial, haciendo que tintas, adhesivos o recubrimientos puedan extenderse y adherirse mejor.

Dicho de forma sencilla:

no cambiamos el plástico; cambiamos su superficie.


Y entonces aparecen las dinas


La energía superficial suele medirse en dinas/cm.

Un film sin tratar puede encontrarse alrededor de 29–32 dyn/cm, mientras que muchas aplicaciones de impresión necesitan valores superiores.


Pero aquí aparece uno de los errores clásicos:

más dinas no significa necesariamente mejor.

El objetivo no es alcanzar el número más alto posible, sino conseguir el nivel adecuado para la combinación de sustrato, tinta y proceso.


Un tratamiento excesivo también puede generar problemas.


El corona no dura para siempre


Hay otro detalle importante: el tratamiento puede perder eficacia con el tiempo.


El almacenamiento, la temperatura, determinados aditivos del film y otros factores pueden provocar una disminución progresiva de la energía superficial.


Por eso algunas máquinas incorporan tratamiento corona en línea antes de imprimir o laminar. Es lo que suele denominarse bump treatment o tratamiento de refresco.


La bobina podía estar perfectamente tratada cuando salió de fabricación.

Eso no significa necesariamente que lo siga estando cuando llega a impresión.


Las dinas tampoco lo cuentan todo.


El test de dinas es una herramienta muy útil para comprobar la humectabilidad del material, pero no mide directamente la adherencia final de una tinta.

Si existen contaminación, problemas de secado, incompatibilidad química o migración de aditivos, podemos tener un valor aparentemente correcto y aun así obtener una mala impresión.

Por eso las dinas son una pista.

No un diagnóstico completo.


75 años después


Hoy hablamos de cámaras automáticas, inteligencia artificial, microestructuras de plancha y máquinas capaces de controlar miles de variables.


Pero antes de todo eso sigue existiendo una pregunta mucho más básica:

¿puede la tinta adherirse correctamente al material?


Verner Eisby intentó resolver ese problema en 1951.

Setenta y cinco años después, seguimos utilizando el mismo principio.


Y quizá ahí esté la mejor definición de una gran innovación:

la tecnología que, con el paso del tiempo, deja de parecer revolucionaria porque simplemente ya no imaginamos trabajar sin ella.


 
 
 

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