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La bolsa imposible: fabricar un envase reciclable no significa que vaya a reciclarse.

Foto del escritor: Dpto. Editorial
Dpto. Editorial
hace 12 horas
3 min de lectura

Una bolsa de café parece sencilla hasta que intentamos sustituirla.



Tiene que impedir la entrada de oxígeno y humedad, conservar aromas, soportar transporte, sellar correctamente y aceptar una impresión de alta calidad. Durante décadas hemos resuelto ese problema combinando diferentes materiales y dejando que cada uno hiciera aquello que mejor sabe hacer.


PET, PE, PP, poliamida, aluminio, adhesivos, tintas y recubrimientos pueden convivir en apenas unas micras para fabricar un envase extraordinariamente eficiente.


El problema llega después.

Cuando esa bolsa deja de ser útil, separar todo lo que hemos unido puede resultar muy difícil.


De muchas capas a una misma familia


Por eso buena parte de la industria del packaging flexible está avanzando hacia estructuras monomaterial, especialmente mono-PE y mono-PP.

El nombre puede engañar. Monomaterial no significa necesariamente una sola capa ni un envase sencillo. Puede continuar existiendo una estructura sofisticada con films, adhesivos, barreras, tintas y recubrimientos.

La diferencia es que se intenta mantener la mayor parte del conjunto dentro de una misma familia de polímeros para facilitar su reciclaje.

Y el movimiento ya no pertenece únicamente a Europa.

En 2026, los Pactos del Plástico de México, Colombia y Chile publicaron conjuntamente una guía para impulsar precisamente la transición de envases flexibles multimaterial hacia estructuras mono-PE y mono-PP.

En España también estamos viendo ejemplos reales. La empresa catalana Enplater ha desarrollado estructuras MonoPE destinadas a sustituir combinaciones tradicionales como PA/PE o PET/PE manteniendo prestaciones mecánicas exigentes.

La bolsa imposible empieza a ser un poco menos imposible.


Pero imprimir también cuenta


Cambiar el film no resuelve todo el problema.

Una bolsa impresa contiene mucho más que plástico. Sobre ella depositamos tintas, barnices y recubrimientos; podemos añadir adhesivos y capas barrera; y todos esos elementos acompañarán al material cuando llegue al reciclador.

Por eso las actuales guías de diseño para reciclaje ya tienen en cuenta cuestiones que afectan directamente a nuestro trabajo: composición y cantidad de tinta, adhesivos, coatings o posibilidad de eliminar la impresión durante determinados procesos de reciclado.

Para la flexografía esto introduce una idea interesante.

Durante años hemos preguntado a una tinta si imprime bien, si seca correctamente, si mantiene el color o si se adhiere al soporte.

Ahora aparece otra pregunta:

¿qué ocurrirá con ella cuando intentemos reciclar el envase?

La impresión empieza así a formar parte del diseño circular del packaging.



Reciclable no significa reciclado


Y aquí aparece la parte incómoda.

Podemos fabricar una estructura mono-PP técnicamente preparada para entrar en una corriente de reciclaje y, aun así, conseguir que termine donde siempre.

Chile ofrece un buen ejemplo. El propio Ministerio de Medio Ambiente reconoce el uso creciente del PP flexible como estrategia de ecodiseño, pero también señala que su ruta de reciclaje todavía está poco consolidada.

Es una diferencia fundamental.


Diseñar para reciclar es un problema industrial. Reciclar realmente es un problema de sistema.


Hace falta recoger el envase, identificarlo, clasificarlo, disponer de instalaciones capaces de procesarlo y conseguir finalmente que alguien quiera utilizar el material recuperado.

Si alguno de esos pasos falla, la bolsa puede ser reciclable sobre el papel y no reciclarse jamás.


El reto ya no está sólo en fabricar la bolsa


México ofrece la otra cara de esta transformación. Su nueva Ley General de Economía Circular entró en vigor en enero de 2026 y está acelerando la conversación sobre rediseño, responsabilidad del productor y reciclabilidad de los envases.

Europa avanza con el PPWR. Latinoamérica desarrolla sus propios modelos. Y fabricantes de films, tintas, adhesivos y maquinaria trabajan para adaptar sus productos.

La dirección parece clara, aunque el camino no sea idéntico en todos los países.

Durante décadas aprendimos a fabricar envases flexibles cada vez más sofisticados para proteger mejor el producto.


Ahora tenemos que conseguir algo posiblemente más difícil: mantener esas prestaciones utilizando estructuras que podamos recuperar después.


Podemos rediseñar una bolsa. Podemos desarrollar nuevas barreras. Podemos formular tintas compatibles con el reciclaje. Incluso podemos imprimirla con la misma calidad que el envase que sustituye.



Pero queda una última máquina que ningún convertidor puede instalar en su fábrica:

un sistema capaz de recogerla, clasificarla y reciclarla cuando llegue a manos del consumidor.


Quizá esa sea, realmente, la parte más difícil de la bolsa imposible.


FUENTES Y REFERENCIAS

CEFLEX — Designing for a Circular Economy Guidelineshttps://guidelines.ceflex.eu/guidelines/design-choices/

RecyClass — Design for Recycling Guidelineshttps://tool.recyclass.eu/es/plastics/guidelines/

Pacto Chileno de los Plásticos — Guía: Trayectorias hacia los envases monomaterial de plásticos flexibleshttps://pactodelosplasticos.cl/publicaciones/guia-trayectorias-hacia-los-envases-monomaterial-de-plasticos-flexibles/

Ministerio del Medio Ambiente de Chile — Elijo Reciclarhttps://elijoreciclar.mma.gob.cl/

Comisión Europea — Packaging & Packaging Waste Regulation (PPWR)https://environment.ec.europa.eu/topics/waste-and-recycling/packaging-waste_en

SP Group — RECOVEFILM: nuevas vías para recuperar los films flexibles que hoy terminan en vertederohttps://www.spg-pack.com/recovefilm-nuevas-vias-para-recuperar-los-films-flexibles-que-hoy-terminan-en-vertedero/


 
 
 

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