La flexografía no piensa rendirse: la batalla por la impresión de envases hasta 2031.

La impresión digital gana terreno, pero la flexografía responde con automatización, mayor eficiencia y reducción de los tiempos de preparación. La batalla industrial ya no se libra únicamente en metros por minuto.
Un mercado en plena transformación
Según las previsiones de la consultora Smithers, el mercado mundial de envases impresos alcanzará aproximadamente 578.500 millones de dólares en 2026, con un crecimiento anual estimado del 3,6 % hasta 2031.
La impresión digital continúa avanzando, especialmente en etiquetas, tiradas cortas y trabajos personalizados.
Sin embargo, la flexografía mantiene importantes ventajas en productividad y costes para numerosas aplicaciones industriales.
La diferencia está en cómo se aprovecha esa capacidad productiva.
El verdadero problema no es la velocidad
Una máquina flexográfica puede imprimir a 300 metros por minuto, pero esa velocidad pierde importancia cuando necesita detenerse constantemente para cambiar planchas, limpiar tintas o ajustar registros.
Por ejemplo, producir diez trabajos de 5.000 metros supone aproximadamente 167 minutos de impresión a esa velocidad.
Si añadimos nueve cambios de trabajo de 25 minutos, el tiempo total asciende a 392 minutos.
La velocidad productiva efectiva cae hasta unos 128 metros por minuto.
Este ejemplo simplificado demuestra que reducir los tiempos improductivos puede resultar más rentable que aumentar la velocidad máxima de impresión.
Automatización y siete colores
Los fabricantes de maquinaria están apostando por sistemas automáticos de registro, ajustes de presión, inspección mediante cámaras y recuperación de parámetros de producción.
Otra tendencia importante es la impresión con gama cromática ampliada (ECG), habitualmente mediante siete colores: CMYK, naranja, verde y violeta.
Esta tecnología permite reproducir numerosos colores especiales sin cambiar constantemente las tintas, reduciendo lavados, tiempos de preparación y desperdicio.
No obstante, exige una gestión cromática rigurosa y no sustituye todas las aplicaciones de tintas directas.
¿Y la impresión digital?
La impresión digital conserva ventajas importantes en tiradas muy cortas, personalización y producción de múltiples referencias.
La flexografía automatizada, por su parte, puede resultar especialmente competitiva cuando los trabajos comparten materiales y configuraciones de impresión.
No existe una tecnología universalmente superior. La rentabilidad depende de los costes, las cantidades y las necesidades de cada producción.
El futuro se mide en eficiencia.
La flexografía de 2031 probablemente será más automatizada, conectada y dependiente del análisis de datos.
Pero seguirá necesitando profesionales capaces de controlar tintas, soportes, planchas y condiciones de impresión.
La conclusión es sencilla: el futuro de la flexografía no se decidirá por quién imprime más rápido, sino por quién consigue producir más metros buenos, con menos desperdicio y al menor coste.
Fuente: Smithers, The Future of Package Printing to 2031 (2026).










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