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El margen está en el arranque: hacia dónde avanza la flexografía.

hace 6 horas
2 min de lectura

Automatización, control del color y reducción de residuos marcan el rumbo del sector. La oportunidad está en convertir esas tecnologías en mejoras medibles dentro del taller.



Una máquina puede imprimir muy rápido y dejar poco margen. Basta con acumular ajustes, repetir pruebas de color o desperdiciar demasiado material antes de conseguir la primera bobina válida.


Por eso, una de las conversaciones más relevantes para la flexografía actual empieza antes de alcanzar la velocidad de producción: ¿cuánto cuesta poner cada trabajo en marcha?


Cada cambio de trabajo cuenta


La automatización está actuando sobre puntos muy concretos: ajuste de presiones, registro y cambios de trabajo. BOBST, por ejemplo, integra estas funciones en sus soluciones flexográficas para reducir intervenciones manuales y mejorar la repetibilidad. Son capacidades comerciales disponibles; el ahorro real dependerá de cada instalación y de cómo se utilicen.


Para el impresor, la pregunta útil es cuánto tiempo y material puede recuperar en sus propios pedidos. Una mejora pequeña, repetida en cada cambio, puede resultar más valiosa que una velocidad máxima que pocas veces se aprovecha.

Medir los minutos de preparación, los metros desperdiciados y el tiempo hasta obtener producto conforme permite empezar con datos.


El color también organiza la producción


La gama extendida propone imprimir con un conjunto estable de tintas, habitualmente CMYK más naranja, verde y violeta. Esto permite reproducir más colores que la cuatricromía convencional y reducir la dependencia de determinadas tintas directas.

Su interés va más allá del resultado visual. Mantener un juego de tintas puede reducir lavados y paradas entre trabajos, como recoge Esko en su solución Equinox.

Pero adoptar siete colores exige criterio. Antes de convertir un diseño conviene comprobar qué colores de marca pueden reproducirse dentro de la tolerancia acordada y cuáles necesitan conservar una tinta específica. La decisión debe apoyarse en una caracterización fiable de la impresión.


Para diseño y preimpresión, esto refuerza una responsabilidad: resolver el color antes de que el archivo llegue a máquina.


La sostenibilidad baja al taller


La innovación ambiental también alcanza a los consumibles y los procesos. En abril de 2026, la FTA reconoció a C-P Flexible Packaging y DuPont Cyrel Solutions con sus premios Sustainability Excellence, una señal del peso que estas mejoras tienen en la agenda sectorial.


En cada empresa, esa ambición necesita indicadores concretos: residuos por pedido, consumo energético, aprovechamiento de tinta y vida útil de los consumibles. Reducir una merma evita comprar, transformar y gestionar como residuo un material que nunca llegará al cliente.


La inversión empieza por una pregunta


La lectura conjunta de estas tendencias apunta a una prioridad: hacer el proceso más previsible.


Antes de comprar tecnología, merece la pena identificar dónde se pierde el margen. ¿En el montaje? ¿En alcanzar el color? ¿En las limpiezas? ¿En repetir trabajos que deberían salir bien a la primera?


La flexografía tiene herramientas para avanzar. El siguiente paso es elegirlas a partir de problemas medidos y comprobar después si los han resuelto. Ahí es donde la innovación se convierte en rentabilidad.



Fuentes:

Esko — Equinox: gama extendida, reducción de lavados y paradas entre trabajos.

FTA — Premios Sustainability Excellence 2026: reconocimiento a C-P Flexible Packaging y DuPont Cyrel Solutions.

 
 
 

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