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La cámara ya no solo mira: empieza a controlar la máquina flexográfica.

Foto del escritor: Dpto. Editorial
Dpto. Editorial
hace 4 horas
3 min de lectura

Durante años, los sistemas de inspección en flexografía han tenido una misión bastante clara: detectar lo que estaba ocurriendo durante la impresión.

Una desviación de registro, un defecto, una falta de impresión o una variación determinada aparecían en pantalla y el operador decidía qué hacer.

Ese modelo empieza a cambiar.

Las tecnologías presentadas recientemente en LOUPE Americas 2026 muestran una evolución interesante: la inspección empieza a integrarse directamente en el control del proceso.


Del «hay un problema» al «vamos a corregirlo».

El concepto clave es el closed loop o bucle cerrado:

medir → comparar → corregir → volver a medir.

AVT y Mark Andy han presentado un sistema de control de registro en bucle cerrado para las prensas Performance Series y HD Series.


La cámara ya no se limita a detectar una desviación. Los datos de inspección pueden utilizarse para realizar correcciones automáticas de registro durante la producción, sin intervención del operador.


Hay además un detalle técnicamente interesante: el sistema incorpora al control de registro barnices y recubrimientos transparentes, tradicionalmente más complicados de gestionar mediante visión. En configuraciones híbridas también puede registrar conjuntamente impresión flexográfica y digital.

La inspección deja así de ser únicamente un sistema de vigilancia.

Empieza a convertirse en un sensor de producción.


¿Y dónde entra realmente la inteligencia artificial?

Conviene separar conceptos.

Automatización e inteligencia artificial no son necesariamente lo mismo.

Una corrección automática de registro puede funcionar mediante reglas perfectamente definidas sin necesitar IA.


La inteligencia artificial empieza a resultar especialmente interesante cuando hay que interpretar grandes cantidades de información.


AVT acaba de lanzar comercialmente AutoEdit AI para sus sistemas Helios.

Después de inspeccionar una bobina, el sistema clasifica los defectos detectados en tres categorías:

aceptable, no aceptable o necesita revisión.


Los casos dudosos siguen llegando al operador. Los evidentes pueden resolverse automáticamente antes del proceso posterior de eliminación de desperdicio.

Aquí la IA no está intentando sustituir al impresor.


Está intentando eliminar una tarea mucho menos glamourosa:

revisar una por una cientos de incidencias que ya ha detectado una cámara.


El verdadero cambio está en las decisiones


La capacidad de detectar defectos hace tiempo que dejó de ser el único problema.

Ahora el reto es decidir qué hacemos con toda la información que estamos generando.

Y eso también cambia el papel del operador.

Antes de permitir que una máquina corrija automáticamente necesitamos definir qué consideramos correcto:

¿Cuánto error de registro aceptamos?

¿Qué desviación de color permitimos?

¿Qué defecto obliga a retirar material?

¿Qué variación puede continuar imprimiéndose?

La automatización puede ejecutar esas decisiones con enorme rapidez.

Pero alguien debe definir primero los criterios.

Por eso el conocimiento del impresor no desaparece.

Se transforma en tolerancias, parámetros, recetas y datos de producción.


De la inspección al aprendizaje

El siguiente paso resulta todavía más interesante.

Si registramos sistemáticamente qué configuración funcionó con determinado soporte, cliché, anilox, tinta y velocidad, podemos reutilizar esa información cuando aparezca un trabajo similar.

La máquina deja entonces de comenzar cada producción completamente desde cero.

Probablemente sea ahí donde la inteligencia artificial pueda aportar más valor a la flexografía: encontrando patrones dentro de miles de decisiones de producción que una persona difícilmente podría analizar simultáneamente.


Pero existe una condición.

Los datos tienen que ser buenos.


Si los anilox no están correctamente identificados, las viscosidades no se registran o las condiciones de máquina no son repetibles, ningún algoritmo hará magia.

Cuanto más hablamos de inteligencia artificial, más importantes resultan algunas prácticas bastante poco futuristas:


medir, calibrar, identificar, documentar y mantener.


La cámara empieza a formar parte de la máquina

Quizá esa sea la verdadera evolución.

Durante años pensamos en la cámara como un sistema que nos decía qué habíamos impreso mal.


Ahora empieza a integrarse con registro, analítica de producción y eliminación automática de defectos.


El objetivo ya no es únicamente detectar el problema.

Es evitar que continuemos produciéndolo.


Medir → decidir → corregir → verificar → aprender.

No elimina al impresor.


Pero puede eliminar muchos de los metros, minutos y decisiones repetitivas que todavía necesitamos para conseguir que una máquina flexográfica imprima exactamente como queremos.



 
 
 

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